Si tenemos por objetivo que un proyecto fracase estrepitosamente, no tenemos más que cumplir las siguientes directrices (o buenas prácticas) de forma escrupulosa:
- No usar un sistema de control de versiones, lo mejor es que cada desarrollador trabaje en su propia máquina.
- No documentar absolutamente nada, el propio código es la mejor documentación.
- Cada desarrollador debe hacer lo que quiera, sin nadie que coordine su trabajo y sin ningún tipo de comunicación entre ellos.
- Es fundamental que no se defina ningún tipo de prueba, y prohibir terminantemente el uso de sistemas de integración continua.
- No compilar de forma frecuente, a lo sumo, una vez a la semana.
- Si el proyecto comprende bloques funcionales independientes, es imprescindible no realizar ninguna prueba de integración, solamente se hará una, el día antes de poner la aplicación en producción.
- Asegurar que nunca se sabrá quién hizo qué, de esta forma, a falta de documentación (véase punto 2), mantendremos los indices de inmantenibilidad en los valores deseados.
- El proceso de despliegue de la aplicación debe ser lo más complejo posible, por supuesto indocumentado y ligado a la máquina en la que se desarrolló.
- Y claro está, lo más importante, las palabras “Quality Assurance” jamás serán pronunciadas.

